Los Cirujanos - Barberos


Una anécdota de muchos de los estudiantes de Medicina es aquella frase que alguna vez escuchamos durante nuestras rotaciones de Cirugía, casi siempre proveniente de los labios de algún Médico Internista: "Los Cirujanos sólo poseen dos neuronas, una para cortar y otra para coser". ¿Pero porqué y desde cuándo empezó esta querella entre los Cirujanos y los Médicos clínicos? ¿Por qué en muchos de los textos de Medicina Interna a través de la Historia colocaron y aún colocan en sus prólogos la tan desconcertante frase "Sres. Doctores, no dejen que sus pacientes vayan a caer en las manos de los Cirujanos"? Para responder a ello, debemos remontarnos y echarle un vistazo rápido a la Historia de la Medicina.

Luego de la caída de Roma por mano de los bárbaros empezó una época de oscurantismo en toda Europa, y esto se tradujo como el olvido de la medicina clásica. La terapéutica no tardó en volverse fantástica, estrambótica y pintoresca, en donde los médicos perdieron su vinculación con la las ciencias filosóficas y se convirtieron en practicantes de cuanta creencia, hechicería, magia y ocultismo existiera.

Fue justamente en ese proceso de menoscabo y deslustre, en que la Cirugía también se separó del campo de acción de los médicos y se la relegó a ser una actividad propia de artesanos, equivalente a la de los herreros o carpinteros, a los cuales desde entonces se le empezó a llamar "Cirujanos Barberos", sujetos que combinaban el oficio de afeitar con las operaciones quirúrgicas elementales, las mismas que fueron aprendiendo de un modo pragmatista y no formal.

Ya en la época medieval las sangrías se convirtieron en el auge de los Cirujanos Barberos, pues se necesitaba a una persona experta, capacitada y con habilidad en flebotomías, motivo por el cual el "Médico" solía recomendar a un barbero de su confianza, pero al mismo tiempo esta vinculación sólo era reconocida como la que existe entre un patrón con su siervo, mas no como la de una asociación ni colaboración. Tanto así era la discordancia, el desajuste y la perturbación entre ambos que grupos, que sólo el Médico podía vestir de púrpura y calzar botas altas con espuelas; y sin embargo los Cirujanos -aunque excepcionalmente tuvieran el dinero para aquellos gustos- estaban prohibidos de hacerlo.

Con el transcurso del tiempo, muchos de los cirujanos fueron alcanzando reconocimiento a través de sus famosas sangrías y curaciones de heridas de guerra, motivo por el cual ya en el siglo XIV se empezaron a escuchar las primeras voces en contra del absurdo menosprecio de la Cirugía por parte de los Médicos.

Y fue así que John de Mirfield quien no fue ni médico ni cirujano, pero solía practicar como aficionado a la cirugía, dijo: "Si no estoy errado, hace mucho que los Médicos practican la Cirugía. Ahora se hace una distinción clara entre los Médicos y Cirujanos. Temo que haya sido consecuencia del orgullo, porque los médicos detestan trabajar con las manos, según sospecho porque no saben operar. Esta lamentable situación induce a muchos a pensar que un hombre no puede practicar ambas disciplinas. Pero los bien formados saben que nadie puede llegar a ser buen Médico si rechaza la Cirugía; y que de nada vale un Cirujano que ingnora la Medicina".

Sin embargo la Historia no sólo nos muestra a buenos Cirujanos, también existió Jacob Sylvius, maestro renacentista de Vesalio, quien fue descrito por sus contemporáneos como petulante, intolerante, ávaro, grosero, atolondrado, vengativo y arrogante. Pero lo más curioso y peculiar fue que su codicia inspiró el famoso epitafio de su tumba: "Aquí yace Sylvius, que jamás hizo nada sin cobrar. Ahora que está muerto, le enfurece que leas esto sin pagar".

Pero sin duda alguna fue el gran Cirujano francés Ambroise Paré, quien se convirtió en un personaje imprescindible de conocer para todo futuro y actual Cirujano, pues en 1585 dijo: "La Cirugía tiene 5 funciones: eliminar lo superfluo, recolocar lo que está fuera de su sitio, separar lo que se ha unido, reunir lo que se ha dividido y reparar los defectos de la naturaleza".

Y finalmente se dio a mediados del siglo XIX lo que todos esperaban, la tan ansiada unificación de ambos grupos separados por la Historia, dándose en la Península Ibérica con la Reunión de Medicina y Cirugía; y en Perú con la creación del Anfiteatro Anatómico creado por Unanue -donde se reunían médicos y cirujanos-, y la creación del Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando en 1811, en donde se formaba a un solo Médico - Cirujano.

Esto último pone punto final a toda una historia de acontecimientos adversos y vicisitudes -en la mayoría de los casos- por parte de ambas comunidades y marca el inicio de una etapa memorable, célebre y venerable para la Medicina Humana.


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